A UNA SEÑORA
enseñe de su parte. Ha comenzado usted tarde. Así lo hizo también san Carlos 2. Le deseo parte en su espíritu y espero que Dios le dé alguna nueva gracia en esta ocasión. Le ruego con todo mi corazón que sea la gracia de que me habla usted al final de su carta, que es la de ser ejemplar en la compañía, en la que nos falta la santa modestia, la mansedumbre y el respeto en nuestras conversaciones.…