EL CARDENAL MAZARINO A SAN VICENTE
Su sencillez era extraordinaria, no fingida ni disimulada, de modo que los que lo veían o escuchaban penetraban hasta su corazón. No sabía lo que era la doblez y huía de toda exageración en las cosas que había visto u oído. ¿Y quién podrá explicar su mansedumbre, su benignidad y su cordialidad? Si uno estaba enfadado, necesariamente se aplacaba al ver a aquel buen siervo de Dios. En él se cumplían aquellas palabras de Jesucristo: Beati mites, quoniam…