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el cielo 2, ¿no confesó que había perseguido a la Iglesia? Y lo puso incluso por escrito 3, para que hasta la consumación de los siglos se supiera que había sido un perseguidor. Ciertamente, si uno no está muy atento sobre sí mismo y si no se hace cierta violencia para declarar sus miserias y sus defectos, no dirá más que las cosas que puedan ser para su gloria y ocultará las que le den confusión: es lo…
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Es muy hermosa en teoría, pero en la práctica tiene un rostro muy desagradable a la naturaleza; sus ejercicios nos disgustan, porque nos llevan a escoger siempre el lugar más bajo, a ponernos detrás de los demás, incluso de los más pequeños, a sufrir las calumnias, a buscar el desprecio, a amar la humillación, que son cosas por las que naturalmente sentimos cierta aversión. Sin embargo, es menester que pasemos por encima de esta repugnancia y que todos…
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Pero esas almas están siempre contentas y su alegría se refleja en su cara, llenándolas de paz, de forma que no hay nada capaz de ________ 2 Cfr. 2 Cor 12,2. 3 1 Cor 15,9. 4 Gén 3,8-10. 743
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turbarlas. Si se les contradice, ellas lo aceptan; si se les olvida, creen que los demás tienen razón; si se les carga de ocupaciones, trabajan de buena gana; y por difícil que sea lo que se les manda, se dedican a ello de todo corazón, confiando en la virtud de la santa obediencia. Las tentaciones que sufren no sirven más que para afianzarlos en la humildad y para que recurran a Dios a fin de quedar victoriosos sobre…
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Además hemos de mantenernos en guardia y hacer todo lo contrario de aquello a lo que nos quiere llevar la naturaleza corrompida: si nos eleva, rebajémonos, si nos mueve a desear el aprecio de los demás, pensemos en nuestra debilidad, si al deseo de aparecer, ocultemos todo lo que nos pueda exaltar y prefiramos las acciones bajas y viles a las esplendorosas y dignas de admiración. Finalmente, recurramos con frecuencia la humillación, que es el refugio seguro para…
ConferenciaTomo XI-Bp. 56
182 [37,XI,56-57] EXTRACTO DE UNA CHARLA SOBRE LA HUMILDAD Belleza de la humildad. La compañía ha de cimentarse en esta virtud. La humildad es una virtud tan amplia, tan difícil y tan necesaria, que nunca pensaremos bastante en ella; es la virtud de Jesucristo, la virtud de su santa Madre, la virtud de los mayores santos, y finalmente la virtud de los misioneros. Pero ¿qué digo? Sería mejor decir que deseamos tenerla; cuando digo que es la virtud…
ConferenciaTomo XI-Bp. 56
Y vosotros, hermanos míos, sabed que el que quiera ser un buen misionero, ha de esforzarse continuamente en adquirir esta virtud y perfeccionarse en ella evitando sobre todo cualquier pensamiento de orgullo, de ambición y de vanidad, que son los peores enemigos con los que puede tropezar; hay que cortarlos en seguida de raíz apenas aparezcan, para exterminarlos, y vigilar con mucha atención para que no se cuelen en nuestra alma. Sí, lo afirmo sin duda alguna, si…
ConferenciaTomo XI-Bp. 59
183 [39,XI,59-60] EXTRACTO DE UNA CONFERENCIA SOBRE LA HUMILDAD Medios para mantenerse en la humildad: considerar los propios defectos. Sólo Dios puede obrar el bien. El padre Vicente decía un día: “No hemos de poner nunca los ojos ni fijarnos en lo bueno que haya en nosotros, sino procurar conocer lo que hay de malo y de defectuoso, pues éste es un gran medio para conservar la humildad”. Y añadía que “ni el don de convertir a las…
ConferenciaTomo XI-Bp. 59
No es extraño que se piense que los individuos de una congregación, como Pedro, Santiago y Juan, tengan que huir de los ________ Conferencia 183. — L. ABELL Y, o.c., lib. III cap. 13, sec. 2, p. 226. 1 Cfr. Ex 4,17. Conferencia 184. — L. ABELL Y, o.c., lib. III, cap. 13, p. 200. 746
ConferenciaTomo XI-Bpágina PDF 244
honores y buscar el desprecio; pero la congregación y la comunidad, ¿tienen que adquirir y conservar el aprecio y el honor en el mundo? Pensad un poco, ¿pueden Pedro, Santiago y Juan amar y buscar con sinceridad y verdad el desprecio, mientras que la congregación, que no está compuesta más que de Pedro, Santiago, Juan y otros cuantos individuos, tiene que amar y buscar el honor? No queda más remedio que reconocer y confesar que estas dos cosas…
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Seamos, hermanos míos, como aquel aldeano que llevaba la carga de san Ignacio y de sus compañeros cuando iban de viaje y que, cuando veía que se ponían de rodillas al llegar a algún lugar para detenerse allí, también él se arrodillaba; cuando les veía rezar, también él rezaba; y como aquellos santos varones le preguntaran una vez por qué lo hacía, les contestó: “Le pido a Dios que haga lo que vosotros le pedís; soy como un…
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que podamos por el servicio de Dios y la ayuda del prójimo. Si Dios le dio tan hermosa idea y tan poderosa gracia a aquel pobre aldeano, que por eso mereció que hablara de él la historia, esperemos que, si hacemos lo posible, como él lo hizo, para contribuir a que Dios sea honrado y servido, su divina bondad recibirá en gran parte nuestras oblaciones y bendecirá nuestros humildes trabajos. 186. S OBRE LA HUMILDAD Pedir la inteligencia…