CONFERENCIA DEL 8 DE SEPTIEMBRE DE 1657
Esto produjo tan graves desórdenes que los superiores decidieron que no se diera ya a nadie de comer; así lo observan ahora con toda exactitud, pues nadie come en su casa, a no ser algún doctor de su compañía, y en las horas fijadas. Ya veis, mis queridas hermanas, por este ejemplo adónde puede irse a parar y cómo es necesario entregarse a Dios para observar bien esta regla, ya que, si no lo hacéis, desobedecéis a los…