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Lo conoceréis en esto: aquellas que aman la pobreza verán con agrado lo que os digo; pero, si hay alguna con el espíritu del mundo, dirá 888
Obras Completas · tomo IX-B
1654-1660 · 669 páginas · 2 documentos.
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Lo conoceréis en esto: aquellas que aman la pobreza verán con agrado lo que os digo; pero, si hay alguna con el espíritu del mundo, dirá 888
dentro de sí misma: «¡Dios mío! ¡Pero qué dice este hombre! ¿Es posible hacer lo que él enseña? ¿No podré comprar nada y, si lo hago, tengo el espíritu del mundo?». Y entonces se llenará de inquietud y malestar. ¿Por qué? Porque tiene el espíritu del mundo. Hijas mías, pongámonos en presencia de Nuestro Señor y veamos si nos sentimos felices de seguir a Nuestro Señor y a la santísima Virgen en la pobreza, sin tener nada que…
Algunas veces pienso en el bien que todo esto produce, ya que desde hace muchos años Dios nos ha concedido la gracia de practicarlo así en San Lázaro. Nunca se oye a nadie quejarse de lo que le dan ni decir: «Necesito tal cosa y no me la dan». No tengáis miedo de que se oiga nada de esto por allí. Ultimamente les pregunté si se oían estas quejas y me dijeron: «Padre, gracias a Dios se observa…
Se han abandonado en manos de la Provi889
dencia y de allí se sigue que no les falta nada o, si les falta algo, Dios les atiende enseguida. Hijas mías, ¿creéis que, después de haber abrazado el estado de Nuestro Señor, podrá faltaros alguna de las cosas necesarias para vivir? No; es un tesoro, y le doy gracias a Dios — os lo repito una vez más — con todas las entrañas de mi alma por la gracia que ha concedido a la Compañía de que…
¿Seré yo acaso tan desventurada que tenga el espíritu del mundo y sea de las que no guardan las reglas? Si las demás obran como yo, se acabaron las reglas. Todas estas consideraciones, hijas mías, podrán serviros como segundo medio. El tercero es que las que seáis celosas aviséis a la superiora al Padre Portail o a mí, cuando veáis que se falta a esto, y nos digáis: «Padre (o señorita), me parece que no guardamos bien esta…
prado algo o se lo ha hecho ella misma. Una hermana que siente estos remordimientos no encuentra paz ni sosiego. Cuando piensa: «He escandalizado a la Compañía; no sólo he faltado yo, sino que he sido causa de que las demás hagan lo mismo, o hayan quedado desedificadas de mí», realmente, hijas mías, es una gran preocupación para esa persona. Después de esto, todavía hay otra cosa más tremenda que la que acabamos de decir: Dios les quita…
Al principio, sí que podía; pero cuando tiene ya muchos años carece de fuerzas para romper con sus malas costumbres, porque se ha hecho indigna de las gracias de Dios. Y de este modo ya no tiene más que un poquito de fe, pero carece de caridad y de confianza en Dios. ¿Por qué? Porque se ha endurecido en la infidelidad a sus reglas. Llega la hora de la muerte, pero le resulta difícil prepararse para ella, cuando…
Ha rechazado ya todos los remedios y aquella prudencia que le decía tantas veces: «Hermana, deja esa afición que tienes a distinguirte por encima de las demás; deja esa cosa y haz como las otras; mortifica ese vicio o esa pasión por la 891
que te dejas arrastrar tantas veces»; sin embargo, ella no ha hecho ningún esfuerzo para romper con todo ello y ahora ya no tiene la gracia para hacerlo, de modo que, si no está perdida por completo, hay muchos motivos para temer por ella. Hijas mías, ¿no os parece que sería una situación muy extraña el que una hermana fuera tan miserable que dijese: «Que me digan lo que quieran; yo quiero vivir así»? Hijas mías, que Dios…
Tiene su corazón en Dios y, como se priva de las comodidades del mundo por amor a Dios, Dios le da la gracia de que na ame más que a él, y que lo ame con todo su corazón. Como no se detiene en pensar en sí misma, ni en sus hábitos, ni en escoger esa ropa, ese cuello, ese piqué, esos zapatos y ninguna cosa de la tierra, entonces ama a Dios con todo su corazón, y…
Los rostros son signos de la disposición del corazón, ya que ordinariamente dan testimonio de lo que hay dentro; de forma que, al veros, me parece que todas me decís: «Sí, Padre; le doy mi palabra de que no quiero jamás desear ropa especial, ni nada que no esté conforme con las máximas de la casa». Le ruego a Nuestro Señor que os conceda esta gracia y se la pediré 892
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