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Es inútil que os explique ahora el segundo punto, que trata de las faltas que podemos cometer contra esta regla, ya que os he dicho el primero y el segundo punto al mismo tiempo; pero añadiré que la que se queja a un tercero o a un cuarto comete una falta grave. Una hermana a la que se le haya cogido algo sin permiso de la superiora y que va a decirle a otra: «¿Qué diría usted de…
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Así pues, cuando observéis esta regla haréis dos cosas: en primer lugar, practicaréis la pobreza, de la que habéis hecho 884
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voto; en segundo lugar, haréis un acto de mortificación, diciéndole a Dios: «Dios mío, tengo motivos para quejarme de mi hermana; pero no lo haré, por amor tuyo». ¡Qué agradable será esta virtud a su divina Majestad! Pueden darse sin embargo casos especiales en los que cabe decir a la superiora las dificultades que surjan, como por ejemplo cuando se le ha cambiado a una hermana la ropa o alguna otra cosa; le habían entregado esa ropa de…
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Después de ello, la hermana debe atenerse a lo que ordene la superiora, tanto si se lo concede, como si se lo niega. En todo esto no hay nada que esté mal; pero decírselo a una hermana y quejarse de aquella a la que se lo han entregado, eso va contra la regla; porque estáis difamando a aquella pobre hermana, que no conoce vuestra preocupación. Ella ha hecho lo que le han dicho, y usted la está deshonrando,…
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Todavía hay más, hijas mías; si esa hermana dijera: «No lo quiero, haga el favor de darme otro; si no, no me lo pondré», la falta sería más grave. Y todavía sería peor si fuera a decírselo a otra y si, no contentándose 885
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con lo que ha hecho, le dijese a su compañera o a la primera con quien topase: «¡Pues sí que tiene gracia tal hermana! Me ha querido entregar un vestido todo roto y deshilachado, que no vale casi nada! Le he dicho que se lo dé a las otras; que a mí no se me trata de ese modo». ¡Salvador mío! ¡Qué pecado tan grande el que ha cometido esa hermana! ¡Salvador de mi alma! ;Que Dios os…
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Ya veis cómo todo lo que os digo tiende a guardar el voto de pobreza. Pero hay también otra cosa que le es contraria, que es no estar contentas con la manera de hacer los hábitos en casa y querer llevarlos a la moda, o peor aún, si una hermana a la que le diesen un hábito como el que se os da se pusiera a decir: «¡Vaya hábito que nos dan! ¡Pues sí que está mal hecho!»,…
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Si hubiera alguna que tuviera esas ideas, que estando lejos comprase otra tela más fina que la que aquí se utiliza, otros cuellos de mejor calidad, otros zapatos mejor hechos, un rosario más bonito, algún libro, ¡Dios mío!, sería entonces cuando habría que temer con razón la ruina de la Compañía, si no se pusiera pronto remedio. Este es el motivo 886
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de que tengáis que manteneros siempre conformes con lo que aquí se hace. Puedo deciros, hermanas mías, que una señal más de la divina Providencia sobre vosotras, que tenéis que apreciar y que yo admiro muchas veces, es que se os dé todo en esta casa. Este es el mejor medio para que no caigáis en los defectos que os acabo de indicar. En cuanto a las que residen lejos y no es posible proporcionarles los hábitos desde…
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¡Que la derriben!». «Padre, pero si ya está hecho el gasto!; no tendremos dinero para construir otra». — «¡No importa! No comeré ni beberé hasta que la destruyan». Y de esta forma la hizo derribar, porque era demasiado hermosa. Hijas mías, cuando los visitadores que os enviamos de vez en cuando encuentran que las Hijas de la Caridad están vestidas con tela más fina, llevando cuellos más bonitos, tienen que remediar ese desorden avisando de ello a los…
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forme con la de las otras y que pueda servir a la comunidad.Por eso admiro la conducta de la divina Providencia, que ha puesto entre vosotras la santa costumbre de que no os compréis vosotras los hábitos, ni que sean unos diferentes de los otros; pues no podéis imaginaros la envidia que esto suscita cuando se ve a una hermana vestida de manera distinta de la otra. Si una lleva un hábito distinto, bien sea por su forma,…
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Pasemos al tercer punto de esta charla, que es sobre los medios que hay que emplear para observar bien esta regla. Mis queridas hermanas, el primer medio es comprometerse a practicar la regla octava, sobre no pedir ni rehusar nada. — Pero, Padre, ¿no podré pedir otra ropa cuando tenga el hábito deshecho? — No, no diré nada; se ve perfectamente; y basta con que se sepa. Por eso no tengo que preocuparme de ello. ¡Ay, mis queridas…