A ISABEL DU FAY
Parecía usted dos veces más hermosa cuando les hablaba». Padre mío, es admirable que Dios me dé el atrevimiento de hablar ante su sacerdote y por lo menos otras cien personas que me escuchaban y que luego me llenaron de alabanzas; incluso aquel buen sacerdote me dijo que se cre¿a muy feliz de poder acabar sus días a mi lado, sin sueldo ni recompensa, sino solamente oyendo las palabras que saldrían de mi boca. Estos fueron sus propios…