A LUISA DE MARILLAC
Esto podrá creerse más fácilmente si se añade que la voz del pueblo, que es la voz de Dios, le da su aprobación, no sólo por la utilidad que el público recibe de su trabajo, sino también por el buen olor que derraman con su buena vida. Y lo que acaba de darle mayor autoridad a todo esto es que todo se ha hecho en virtud del consentimiento y del permiso que Su Excelencia concedió al suplicante, ya…