A LA DUQUESA DE AIGUILLON
natural; pero la gloria que da usted a Nuestro Señor, permaneciendo en el sitio en que él le ha puesto, merece ser preferida, no sólo porque él nos aconseja la renuncia a los padres, sino también porque con ese acto de virtud atrae usted su protección sobre los suyos y las divinas gracias sobre su persona. Yo no he tenido ni el más mínimo sentimiento en contra del afecto que tiene usted por su vocación.