EL CARDENAL MAZARINO A SAN VICENTE
Entre otras cosas, me decía, admiraba su gran humildad, su mansedumbre admirable, su resignación y conformidad con la voluntad de Dios en todas las cosas; pero lo más considerable era su continua y uniforme perseverancia en esas virtudes, de forma que, aunque era ya anciano, no lo daba a conocer y no se hacía el emeritus miles, sino que parecía un joven y un seminarista en la práctica de la humildad, de la obediencia y en todo lo…