A LUISA DE MARILLAC
que Dios nos conceda las tareas que se le han prometido al padre Lebreton, con el que, según dice la gente, hemos perdido mucho! A mí me parece que ese santo varón hará todavía más en el cielo que lo que podría haber hecho en la tierra, y que será como una hostia ofrecida a Dios y consumada por su Iglesia, que intercederá por nosotros en el cielo y obtendrá las bendiciones que esta empresa necesita. Si puedo,…