ConferenciaTomo IX-A16 DE MARZO DE 1642página PDF 125
Ved cuán felices sois por servir a estas pequeñas criaturas que dan a Dios una alabanza perfecta y en las que la bondad de Dios se goza tanto, un gozo que en alguna forma se parece al de las madres, que no sienten mayor consuelo que el de ver lo que hacen sus hijos. Ellas lo admiran todo y les gusta todo. Así también Dios, que es su Padre, siente gran placer ante todo lo que hacen. Haced…
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dres sienten por sus hijos. Hijas mías, ellas se expondrán a toda clase de males por salvarlos de una ligera molestia. Y lo que os digo, es verdad incluso en las madres de los animales, como las codornices madres, que se dejan coger por los cazadores expresamente para salvar a sus pequeños. Cuando tengáis mucho cuidado de esos pobres niños y les deis todo lo que necesiten, entonces ocuparéis el lugar de sus verdaderas madres. Hijas mías, ¡qué…
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Hijas mías, tendréis una gran recompensa por todos estos motivos. En cierto modo repararéis la ofensa que esas malas madres hicieron abandonando así a sus hijos, cuando os preocupéis de servirles por amor de Dios y porque le pertenecen. Ved, hijas mías; si Dios no os hubiese llamado a su servicio, si os hubiese dejado en medio de los jaleos del mundo, hubieseis sido madres y vuestros hijos os hubiesen dado mucho más trabajo y más tormento que…
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Dan mucho trabajo, es cierto; pero ¿dónde no hay trabajo? Lo hay en todas partes. Cuando estabais en el mundo, ¿no lo teníais acaso? Si todavía estuvieseis allí, ¿no lo tendríais? Sí, lo hay en todas las situaciones. Pero en la condición de las que sirven a los niños, lo mismo que en cualquier ejercicio de caridad, el trabajo está acompañado de una recompensa tan grande que debe ser un trabajo muy querido. Habríais sido madres en el…
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Hermanas mías, como nuestro Señor ha pensado en vosotras desde toda la eternidad para el servicio de estos niños que le glorifican, esto es para vosotras un gran honor y hay que considerarse muy felices por ello. Sí, ciertamente, tenéis que hacer mucho caso del plan de Dios sobre vosotras. EL os ha escogido, a vosotras que no pensabais en él. Ha dejado pasar un gran número de años, durante los cuales han muerto muchos niños, y en…
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Espero, hijas mías, que así lo haréis; yo se lo suplico de todo mi corazón. 139
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No me digáis: «Pero, Padre, ¿tan gran cuidado es el que hemos de tener de estos niños nacidos de tan malas madres y que nos causan tantos trabajos?» Sí, hijas mías, ya os lo he dicho; es verdad que suponen un gran esfuerzo, pero este esfuerzo es el que más le agrada a Dios. Y le agrada de tal manera que ciertamente se lo hace ver a sus santos, y sus santos le glorifican por ello. Hijas mías,…
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Son ellos los que elevan hasta Dios la gloria que le dan esos pequeños seres con sus pequeños gritos y sus balbuceos. Y se juzgan muy honrados por hacerles esos servicios. Hijas mías, ¿obráis también vosotras de esta manera, ya que sois junto con esos gloriosos espíritus las comisionadas al lado de esos niños? Si lo hacéis con el mismo celo, viendo a Dios, en ellos, veréis cómo el cansancio que os dan os resultará muy ligero y…
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caballos, a no ser una vez, negarse a ir adonde se les quiere llevar, a la derecha, a la izquierda, hacia delante, hacia atrás. obedecen a quienes los guían. Y vosotras, hijas mías, ¿querríais que se os reprochase que los animales son mejores que vosotras en sumisión e indiferencia? Hijas mías, hay que guardarse mucho de ello; y para eso, acordaos con frecuencia de vuestras buenas resoluciones, pensando que el único medio de superaros a vosotras mismas en…
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Hijas mías, no es ésa la práctica de vuestras madres ni es buen ejemplo el que dejaríais a las que vengan después de vosotras. Antiguamente, los hijos tenían tanto respeto a sus padres, que los querían imitar, incluso con peligro de sus vidas. Lo que ellos han hecho por cosas pasajeras y transitorias, ¿por qué no lo haríamos nosotros por las eternas? Las sagradas Escrituras cuentan que los hijos de Recab decían que sus padres no habían bebido…
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tes que dejar de obrar como sus padres; lo cual llenó de contento a Dios. Así es, hijas mías, como hay que habituarse a las costumbres usadas en la Casa, para imitar a las primeras hermanas de la Caridad, a fin de que las que vengan después de vosotras, os imiten como a sus madres. Otro medio, mis queridas hijas, es representaros muchas veces la gracia que Dios os ha concedido al llamaros a que le sirváis en…
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Hijas mías, ¡qué felicidad! Tenéis parte en las alabanzas que ellos dan a Dios; presentan a Dios el amor que con ellos habéis tenido y todos los trabajos que os han dado. Será una grandísima ayuda para conseguir vuestra salvación esa caridad ejercida con esas pobres criaturitas, a las que les dais la vida, o mejor dicho, les conserváis la que Dios les ha dado por el cuidado que de ellos tenéis. ¡Hijas mías, qué felicidad! Reconoceos muy…