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Por eso tenéis que tratarlos con mansedumbre y cordialidad, pensando que por eso os ha puesto juntas y os ha asociado Dios, que por eso Dios ha hecho vuestra Compañía Tenéis que tener cuidado de que no les falte nada en lo que vosotras podáis, tanto para la salud de su cuerpo, como para la salvación de su alma. ¡Qué felices sois, hijas mías, por haberos destinado Dios a esto, para toda vuestra vida! Los grandes del mundo…
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vió un San Luis 4 a los pobres en el hospital de París, y con tan gran humildad, que le vino muy bien para su santificación? Todos los santos, o la mayoría, han considerado como una felicidad agradar a Dios por este medio. Humillaos mucho y pensad que es para vosotras una gracia de Dios muy por encima de vuestros méritos. ¿Qué? El mundo os quiere y honra por este motivo y admira lo que Dios quiere hacer…
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En el silencio es donde se puede escuchar a Dios que habla en nuestros corazones. Tenedle gran devoción. Si la necesidad exige que habléis, que sea en voz baja y con pocas palabras. Esta observancia os dará devoción. El sexto artículo os pide que seáis muy modestas en todo tiempo. Hijas mías, esta virtud la debemos tener en gran consideración; porque, si se ve a una hija de la Caridad inmodesta por las calles, mirando a una parte…
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me ha impresionado la modestia y el recato de una hermana que venía de cierto lugar; como le preguntase con qué persona había hablado, me dijo: «Padre no me he fijado». Así es cómo hay que comportarse, hijas mías. No tenéis que hacer ni recibir visitas, ni introducir a persona alguna en vuestra habitación, cuando esto impida vuestras Ocupaciones. Sería una falta notable si cogéis esta costumbre: poco a poco esto ocuparía todo vuestro tiempo y os llevaría…
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Cuando lo piensen, en vez de criticaros, os alabarán por ello; y tendréis el consuelo de haber respondido en aquella ocasión como Dios quería. ¡Qué felicidad, hijas mías, estar seguras, al practicar vuestras reglas, de que hacéis lo que Dios quiere! Por eso, cuando se os diga: «No me vienes a ver», responded resueltamente: «Señora, perdóneme, por favor; no tenemos que hacer visita alguna». Tenéis que vivir todas juntas en una gran unión y no quejaros jamás la…
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bién lo quiero». Hermanas, este es el mejor medio para estar siempre verdaderamente unidas. ¿No es eso mismo lo que hacemos también con nosotros mismos, que no permanecemos mucho tiempo en el mismo querer?; porque hoy queremos una cosa y mañana otra. Y si no nos soportamos a nosotros mismos en estos cambios, jamás tendremos paz y tranquilidad. Guardaos mucho de quejaros a los demás, bien sea a las damas, bien a vuestros confesores, bien a cualquiera de…
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Además, hermanas mías, aunque seáis todas iguales y semejantes en todas las cosas, la regla quiere que, entre dos o tres que están juntas, una sea nombrada hermana sirviente; hay que someterse humildemente y de todo corazón a ella, mirándola en Dios, y mirando a Dios en ella. Os resultará muy fácil someteros, si consideráis que ella manifiesta la presencia de Dios, y si la miráis en Dios, porque es la dirección de la divina Providencia la que…
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Conviene, hijas mías, que os tengáis un gran respeto mutuo, con la idea de que estáis igualmente al servicio de un mismo Señor; por eso tenéis que sentiros tan honradas como si estuvieseis al servicio de los más grandes señores del mundo. También es éste un consejo que nos da nuestro Señor: «Trataos uno al otro con honor y benevolencia» 8, Hijas mías, si es así, ¡cuán grande bendición y edificación tendrá vuestra Compañía! No discutáis nunca una…
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Hijas mías, este punto es de mucha más importancia de lo que creéis. Apenas habéis entrado en una Compañía, en donde no tiene que haber nada propio, todo lo que tenéis ya no es vuestro, sino de vuestras hermanas lo mismo que de vosotras. Por eso ya no tenéis la facultad de darlo sin permiso Si se trata de una cosa de cierta importancia, es necesario que la hermana sirviente pida permiso al superior. Si la cosa es…
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y esto a la hora más indicada. ¿Por qué hijas mías? Para hablar un poco de vuestra situación con la hermana sirviente, y esto con toda cordialidad. Lo mismo que un niño que fuese a buscar en su madre algún consuelo, para decirle vuestras penas, pequeñas y grandes, pedirle consejos según vuestras necesidades, darle cuentas de la práctica de vuestras reglas, de vuestra conducta, de vuestras pequeñas diferencias, si las hubiere, y esto con toda sinceridad y cordialidad…
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Si alguna dama quisiese entreteneros ese tiempo, habrá que decirle: «Señora, le suplico con toda humildad que nos permita ir a la reunión que se tiene en la Casa. Estamos obligadas a ello; y hemos tomado nuestras precauciones para que, durante nuestra ausencia, no les falte nada a nuestros enfermos». Si les habláis de esta manera, se guardarán muy mucho de impediros. Si no, perderíais grandes cosas; porque, hijas mías, Dios, que conoce vuestras necesidades, permite a veces…
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sí, hijas mías, lo creo tanto como creo que estáis aquí vosotras. Por eso os ruego que no dejéis de venir. Además, hijas mías, es necesario que no tengáis ningún apego ni a los lugares, ni a las personas, ni a los cargos, y que estéis siempre dispuestas a dejarlo todo cuando la obediencia os separe de algún lugar, convencidas de que Dios lo quiere así. Se trata de lo más importante que yo pueda deciros. Sin ese…