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aplastad estos pensamientos. Es el diablo quien os los pone en el espíritu. Hijas mías, ¡cuán alejado están esos pensamientos de los que las Hijas de la Caridad deben tener la una con la otra! Sed, pues, fáciles de contentar y no obliguéis a la hermana o a las hermanas que están con vosotras a tener que violentarse o andar con remilgos por temor a que tomen mal sus palabras o sus actos. Principalmente por esto, tenéis que…
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Así es como se adquieren las virtudes, hijas mías; si alguno hiciese aparecer los sentimientos irracionales que tiene, ¡a dónde iríamos a parar! Hay que tener mucha más discreción. Cuando sintáis ganas de mostrar impaciencia o enfado, hermanas mías, no lo hagáis. Nuestro bienaventurado Padre, el obispo de Ginebra 8, nos ha dado un gran ejemplo de esta virtud. Una tarde, una persona de gran condición vino a verle y se quedó con él hasta muy entrada la…
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neos en seguida de rodillas y pedid perdón sin tardar a vuestra hermana. Tenéis que hacerlo, hijas mías; de esta manera alcanzaréis muchas gracias de la bondad de Dios. Le ruego con todo mi corazón que extienda sobre vuestra Compañía el espíritu de cordialidad y de unión, por el que honréis la unidad divina en la Trinidad de personas y el cordial respeto que hubo en la familia de su Hijo en su vida humana, saborearéis la paz…
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Una hermana puso como motivo que cuanto más abandonamos la preocupación por el cuerpo, más fácilmente nos unimos con Dios. — Al renunciar a este amor, que nos ata a la carne y nos hace carne, venimos a ser un mismo espíritu con Dios, que nos llena de su santo amor, y nos da un santo odio hacia nos otros mismos. Yo he ofendido a Dios por un excesivo cuidado de mi comida y vestido; no he sido…
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sa tan poco importante, y cada vez que me he dejado llevar por esta preocupación he caído en sensualidad y vanidad. El medio más seguro y mejor para corregirme es acudir a mis superiores en todas mis necesidades y preocupaciones y considerar a Jesús en su cuna, sin ayuda ninguna en medio de sus necesidades, y a san Juan en medio del desierto, vestido pobremente y alimentado de igual manera. La hermana que habló a continuación no pudo…
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Hay motivos para temer que nos suceda como a la higuera que no tenía fruto en la estación oportuna, y por eso fue maldecida por nuestro Señor 1. Caeríamos en esa desgracia, si Dios nos arrojase de su presencia, por no tener su santo amor. El segundo punto de nuestra oración es de los pecados que esos excesivos afectos nos hacen cometer. Nos llevan a despreciar los consejos de nuestros superiores, con el pretexto de que no estamos…
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He pensado, Padre, que hay que pasar con coraje por encima de todas las dificultades y decir en nuestro interior: «¿Por qué estoy en este lugar? No es ciertamente para dar reposo o descanso a mi cuerpo»; y si estuviese tan descuidada que me sintiese apegada a algunos de estos afectos y satisfacciones, debería decírselo a mis superiores, para que, si lo creen conveniente, me alejen de ellos. — Bien dicho, hija mía. Ved, hermanas mías, cómo no…
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Me he preguntado luego de cuántas maneras puede esta costumbre hacernos ofender a Dios, y he visto que pecamos contra el primer mandamiento de Dios, de amarlo sobre todas las cosas, porque la búsqueda de estas satisfacciones sólo proviene de nuestro amor propio; pecamos también contra el Espíritu Santo que, por su bondad, nos da tantas inspiraciones. Esta costumbre impide el cuidado vigilante y celoso que hemos de tener con nuestros pobres enfermos si, por ese afecto, no…
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quiero tener para con él se los ofreceré en la persona de los pobres, a los que serviré por su amor. Suplico a su bondad que me conceda esta gracia. — Hijas mías, ¡bendito sea Dios! Así es como tienen que obrar las Hijas de la Caridad. Que hable la hermana siguiente. — Padre, mi primera razón ha sido que trabajar en destruir las delicadezas que me tengo a mí misma es alejarme de mi; y cuanto más…
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He tomado la resolución de no detenerme en estos apegos espirituales y corporales sin ver de antemano si van contra la voluntad de Dios; no demostrar amistad particular con ninguna de mis hermanas; no tener ninguna preferencia por el vestido o el alimento; no buscar ningún gusto, porque todo esto es contrario a las Hijas de la Caridad; y romper con todo afecto que no sea el amor de Dios; así espero hacerlo con su santa gracia. —…
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demasiado afecto a mi misma, la observancia de mis reglas y de las enseñanzas tendrá que resentirse. Los apegos a cosas espirituales son causa de que murmuremos a veces contra nuestros superiores, especialmente cuando, en la confesión, no nos sentimos satisfechas ni de lo que hemos dicho ni de lo que nos hubiera gustado que nos dijesen. De esos apegos nacen con frecuencia pequeñas envidias y celos contra aquellas hermanas que creemos que son preferidas, y manifestamos estos…
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Otra hermana dijo: — Padre, una razón para romper con los afectos desordenados que tengo hacia mí misma, son las faltas que he cometido, ya que por ellas me he visto impedida de practicar las virtudes y particularmente lo que nos mandan nuestras reglas. Sobre el segundo punto, he pensado que este afecto demasiado grande nos lleva a buscar siempre nuestras satisfacciones, a no querer sufrir nada y a apegarnos a las criaturas; de lo que se sigue…