Obras Completas · tomo IX-A

Conferencias a las Hijas de la Caridad I

1634-1654 · 630 páginas · 6 documentos.

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La segunda razón: he pensado en la santísima Trinidad, en la unidad de su esencia que nos hace ver la distinción de las tres personas en dos ocasiones: en la creación del mundo, cuando deliberaron para crear al hombre a su imagen y semejanza, y en la encarnación del Verbo Eterno. Con ese respeto cordial honraremos también las relaciones de san José, de la santísima Virgen y de Jesús. Para ayudarnos a practicar esta virtud, hay que tener…
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nestarles nunca, a no ser con caridad, por este motivo del respeto cordial. De esta práctica se seguirán muchos bienes: parecerá que hay una gran igualdad entre las hermanas; las que son de nacimiento o de condición más elevada se darán cuenta de que no son más que lo que son delante de Dios, y que cuanto más se bajen por debajo de las otras, más las elevará Dios; las otras, edificadas por este ejemplo, no se elevarán…
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¿Y qué decía este gran santo, formado en la escuela de Jesucristo? Hijas mías, decía casi siempre: «Hijos míos, amaos los unos a los otros» 3. Y los que le escuchaban, se extrañaban: «¿Qué es lo que quiere este buen hombre? Parece como si no tuviera otra cosa que decirnos más que: amaos los unos a los otros». Hermanas mías, yo quiero tener este mismo lenguaje. Os basta con aprender bien esta lección y ponerla en práctica. El…
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todo, interpretan mal todas las cosas, no se excusan jamás. Hijas mías, el sello de las hijas del diablo es tener siempre el espíritu de contradicción, de desunión, de enemistad, de dejarse guiar siempre por criterios particulares, y no ser nunca de la opinión de las demás. ¡Guardaos mucho de esta práctica tan peligrosa! La práctica de la cordialidad produce el respeto que os debéis tener las unas a las otras; no ya, hijas mías, como se respeta…
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El honor que nos recomienda no se funda en las cualidades o en la condición, sino en la verdadera caridad. Por tanto, mis buenas hermanas, a vosotras se dirige esta buena lección, a vosotras que, por una elección especialísima de Dios, lleváis ese hermoso nombre de Hijas de la Caridad, que quiere decir hijas muy cordiales, muy buenas y muy sinceras. ¿Sería posible que hubiera entre vosotras unión y concordia, sin respeto ni deferencia de unas con otras?…
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Ni mucho menos; las disposiciones naturales o adquiridas no son consideradas por este gran apóstol, sino la caridad, que da la gracia. La caridad es benigna, es mansa, es paciente, lo sufre todo sin quejarse 5. Esas son las verdaderas virtudes que tenéis que tener, hijas mías, si queréis corresponder fielmente a la gracia que Dios os ha concedido al daros el nombre de Hijas de la Caridad. Si no las tenéis, ¿qué pasará con vosotras? No os…
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Si en el corazón de una verdadera hija de la caridad hay unión y verdadera caridad, también es seguro que Dios está allí. Hijas mías, hijas mías, considerad bien esta verdad. Si tenéis este respeto cordial, seréis muy buenas religiosas, encontraréis vuestro claustro en el buen ejemplo que las otras os darán. ¿No es verdad, hermanas mías? ¿No os parece que, si vivís de esta forma, si no os contrariáis, si sabéis soportaros las unas a las otras,…
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a Dios, a amarlo y a servirlo? ¿Y qué creéis, hijas mías, que es el trato con esos niños a los que servís, cuando permanecéis todas en unión y perfecta comunión? Un paraíso. Los ángeles que asisten a sus almas en gran número, ven siempre el rostro de Dios; vosotras, que asistís a esos niños en un oficio semejante, ¿no tenéis que juzgaros también como viviendo un paraíso en la tierra? Por eso, hermanas mías, tenéis que trabajar…
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Os decía hace un momento que permanecer en vuestra Compañía con unión y cordialidad, es estar en un paraíso; también os digo lo contrario: estar en vuestra Compañía sin esas virtudes sería un pequeño infierno. Hijas mías, tenedlo por seguro, porque el diablo, que es sembrador de cizaña y de desunión, estaría entre vosotras. Estaría entre vosotras si, al no soportaros mutuamente, dijeseis: «Esta hermana tiene tan mal humor...» Hijas mías, hoy esta buena hermana tiene alguna pena…
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mas, y desead ser las menos estimadas. Hijas mías, si así lo hacéis, en poco tiempo avanzaréis mucho. Quizás, hermanas mías, digan algunas: «Pero, ¿qué pensará el mundo de nosotras cuando vea que nos respetamos mutuamente?, todos nos conocen como aldeanas y casi todas lo somos». Hijas mías, que esto no os detenga. ¿A quién creéis que van dirigidas aquellas palabras de san Pablo: «Adelantaos en el honor mutuamente» 6? Hijas mías, a todos los cristianos. Por tanto,…
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Cuando uno de los nuestros viene de los pueblos, cada uno va a saludarle con cara alegre, y le lleva con gran solicitud todo lo que puede necesitar; y si hay necesidad de lavarle las piernas para que descanse, lo hacemos. Vosotras, hermanas mías, podéis hacer lo mismo, acogiendo a las hermanas con un cordial respeto, sin usar términos afectados, que muchas veces no son la señal segura de una verdadera amistad. Si dos hermanas están juntas, y…
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