ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-Apágina PDF 272
Hijas mías, cuando se os ocurra esto, poned los ojos en vosotras; decid inmediatamente: «Dios mío, ella vale mucho más que yo, que no hago nada que valga la pena; no hago más que estropearlo todo; no sé cómo me pueden sufrir». Hasta ahí, hijas mías, hay que llegar: no basta con decirlo, hay que sentirlo de verdad; porque, os lo repito, es imposible que un hombre de bien se mire a sí mismo delante de Dios sin…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-Apágina PDF 273
que puedo hacer donde estoy? Lo estropeo todo y no hago nada». Pues bien, hijas mías, las que están en París pueden pedir que se las sustituya bien a la sirviente de aquí, la señorita Le Gras, bien al superior; y las que están lejos, tienen que escribirle, pero sinceramente y con deseos, reconociendo verdaderamente que lo estropean todo. Otra cosa que tienen que hacer es no mandar nunca a sus hermanas, sino hablarles siempre con gran mansedumbre,…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-Apágina PDF 273
Y que nadie pueda juzgar por vuestra manera de obrar cuál es la hermana sirviente o la hermana particular. Cuando se trata de hablar, toca hacerlo a la hermana sirviente. No es que la otra no pueda hablar también; pero lo mismo que, cuando paseamos con una persona de condición, tenemos que ir un paso atrás, así también la hermana particular, cuando está con su hermana sirviente, puede hablar algunas veces; pero cuando haya dicho alguna cosa, tiene…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-Apágina PDF 274
Para convenceros de ello, poneos delante de los ojos que son personas que tienen el poder de hacer que el pan se convierta en Cuerpo del Hijo de Dios, que por su ministerio entráis en la gracia de Dios, que de un enemigo de Dios hacen un amigo de Dios, que Dios les da autoridad sobre los pecadores y que tienen el poder de arrancar un alma de entre las manos del diablo para devolvérsela a Dios. Hijas…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-Apágina PDF 274
No, no hay que hacerlo de ninguna manera. Cuando el caso apremie, podréis tomar una hermana con vosotras, decirle el asunto que tenéis entre manos y marchar luego. Si el sacerdote os quisiese detener para hablar de otra cosa, no habría que hacerlo. Sin embargo, por una o dos veces, podríais responder; pero después de eso, si os quisiese entretener más tiempo, decidle: «Padre, excúseme, por favor; tengo que hacer; tengo un poco de prisa»; porque fijaos, hijas…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-Apágina PDF 275
toca ordenar y a vosotras obedecer. Pero tengo que daros un aviso muy importante: es que no os situéis en paridad e igualdad con ellas, ni coartéis su autoridad ordenando cosas por vosotras mismas, porque lo estropearíais todo, hijas mías; arruinaríais la Caridad, ellas no os querrían y lo abandonarían todo. Las damas hacen mucho por el mantenimiento de la Caridad; vosotras no dais más que vuestro tiempo, que no serviría de nada sin la generosidad de ellas;…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-Apágina PDF 275
Procurad pues, hijas mías, trabajar con todas vuestras fuerzas en la práctica de los tres puntos que hemos observado, que son: un gran amor, una gran cordialidad y una gran estima entre vosotras, un gran respeto y una perfecta discreción con los sacerdotes, una gran dependencia, sumisión y obediencia a las damas, una perfecta caridad con los pobres y una entera sumisión a todos por el amor de Dios. Pido con todo mi corazón a nuestro Señor Jesucristo,…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-A11 DE DICIEMBRE DE 1624página PDF 148
Asunto principal: El Afecto Desordenado A Sí Mismo
18(18,IX,160-179) C ONFERENCIA DEL 11 DE DICIEMBRE DE 1624 Sobre el afecto desordenado a sí mismo El 11 de diciembre de 1624 se reunieron todas las Hermanas de la Caridad, por orden de nuestro muy honorable Padre Vicente, para la conferencia sobre el mal que nos hace el excesivo amor a nuestro cuerpo y espíritu cuando nos dejamos llevar de él. Una hermana puso como motivo que cuanto más abandonamos la preocupación por el cuerpo, más fácilmente nos…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-A11 DE DICIEMBRE DE 1624página PDF 149
Asunto principal: El Afecto Desordenado A Sí Mismo
sa tan poco importante, y cada vez que me he dejado llevar por esta preocupación he caído en sensualidad y vanidad. El medio más seguro y mejor para corregirme es acudir a mis superiores en todas mis necesidades y preocupaciones y considerar a Jesús en su cuna, sin ayuda ninguna en medio de sus necesidades, y a san Juan en medio del desierto, vestido pobremente y alimentado de igual manera. La hermana que habló a continuación no pudo…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-A11 DE DICIEMBRE DE 1624página PDF 149
Asunto principal: El Afecto Desordenado A Sí Mismo
Hay motivos para temer que nos suceda como a la higuera que no tenía fruto en la estación oportuna, y por eso fue maldecida por nuestro Señor 1. Caeríamos en esa desgracia, si Dios nos arrojase de su presencia, por no tener su santo amor. El segundo punto de nuestra oración es de los pecados que esos excesivos afectos nos hacen cometer. Nos llevan a despreciar los consejos de nuestros superiores, con el pretexto de que no estamos…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-A11 DE DICIEMBRE DE 1624página PDF 150
Asunto principal: El Afecto Desordenado A Sí Mismo
He pensado, Padre, que hay que pasar con coraje por encima de todas las dificultades y decir en nuestro interior: «¿Por qué estoy en este lugar? No es ciertamente para dar reposo o descanso a mi cuerpo»; y si estuviese tan descuidada que me sintiese apegada a algunos de estos afectos y satisfacciones, debería decírselo a mis superiores, para que, si lo creen conveniente, me alejen de ellos. — Bien dicho, hija mía. Ved, hermanas mías, cómo no…
ConferenciaTexto de San VicenteTomo IX-A11 DE DICIEMBRE DE 1624página PDF 150
Asunto principal: El Afecto Desordenado A Sí Mismo
Me he preguntado luego de cuántas maneras puede esta costumbre hacernos ofender a Dios, y he visto que pecamos contra el primer mandamiento de Dios, de amarlo sobre todas las cosas, porque la búsqueda de estas satisfacciones sólo proviene de nuestro amor propio; pecamos también contra el Espíritu Santo que, por su bondad, nos da tantas inspiraciones. Esta costumbre impide el cuidado vigilante y celoso que hemos de tener con nuestros pobres enfermos si, por ese afecto, no…