ConferenciaTomo IX-A16 DE MARZO DE 1642página PDF 66
La mayor parte de las hermanas observaron que deberían, apenas empezar a servir a los pobres enfermos, ayudarles a que se aprovechasen de su estado, y para eso indicarles que, si estamos en pecado mortal, todo lo que hacemos y sufrimos no puede ser agradable a Dios y que todos nuestros sufrimientos y nuestras penas resultan inútiles. A continuación, informarse sobre el tiempo de su última confesión y comunión, y mostrarles que la gracia de Dios es la…
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11(11,IX,66-76) CONFERENCIA DE JUNIO DE 1642 Sobre la obediencia Mis queridísimas hermanas, nuestra conferencia de hoy será un tema de los más importantes que hay para vuestra perfección, la santísima obediencia, virtud tan agradable a Dios, que el Espíritu Santo ha dicho, por los Padres de la Iglesia, que la obediencia vale más que el sacrificio 1, e hizo que su Hijo la practicase durante treinta años en la tierra, hasta la muerte. Jesucristo prefirió la santa obediencia…
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Y todos los que tienen algún cargo de superiores, están también obligados a la obediencia; yo, tan malo como soy, estoy obligado de tal manera que, si los que me pueden mandar me enviasen a los confines del mundo, estaría obligado a ir. Por lo demás, por la misericordia de Dios, preferiría antes morir que faltar a ello. Estamos además obligados a obedecer nuestras reglas y a la divina Providencia; y vosotras, a las damas de la Caridad.…
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vosotras que para cualquier otra comunidad. ¿Qué es lo que os puede obligar al servicio de Dios en vuestra santa vocación sino la obediencia? ¿Sabéis lo que es para vosotras la obediencia? Es lo mismo que un barco para los que están en la mar. El barco guarda a los que están dentro y los guía hasta el puerto. Si el barco se rompe y queda destrozado en medio del mar, perecerán todos los que están dentro. Lo…
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Y como Dios me ha dado en cierta forma vuestra dirección a mí, a pesar de mi indignidad, estáis obligadas a lo que yo os ordene. A las que conozco de entre vosotras (que son muchas), les he recomendado que se contenten, en las confesiones ordinarias, con la acusación de tres pecados: porque, por la misericordia de Dios, me atrevo a decirlo, ninguna de las que he confesado cometen pecados mortales, y en este caso, bastará la acusación…
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Uno de los grandes siervos de Dios que conozco me decía de nuestras hermanas de Angers: «Señor, no conozco a 80
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nadie que se confiese mejor que vuestras buenas hermanas del hospital. Lo hacen aprisa; pero todo parece salir de un corazón verdaderamente penitente. Se acusan con tanta amargura y prontitud que bien se ve que no buscan más que la gracia de Dios». A ellas se les ha impuesto la misma práctica que a vosotras, hermanas mías. Sed obedientes en este punto, por favor. Estáis obligadas a obedecer a vuestros confesores en lo que concierne a la confesión,…
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Esta palabra ancilla, mis queridas hermanas, es una palabra latina que quiere decir sierva; ese fue el título que la santísima Virgen adoptó cuando dio su consentimiento al ángel para el cumplimiento de la voluntad de Dios en el misterio de la Encarnación de su Hijo; lo cual me ha hecho pensar, mis queridas hermanas que, en adelante, en vez de llamar a las hermanas superioras con ese nombre de superioras no utilizaremos más que la palabra de…
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Así pues, mis queridísimas hermanas, debéis obediencia a aquella de vosotras que ocupe este cargo, en todo le que se refiere al servicio de los pobres y a la práctica de vuestras reglas. Tenéis que obedecer también a la dirección de la divina Providencia, aceptando y recibiendo de la mano de Dios todo lo que se os mande. Pero, hijas mías, veamos qué razones tenemos para obedecer. La primera es que la obediencia es tan agradable a Dios,…
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Hijas mías, ¿qué motivo más poderoso podríais tener para amar y practicar la santa obediencia? Otro motivo para amar la obediencia es que de ordinario nos engañamos a nosotros mismos, y nos dejamos cegar por nuestras pasiones, de forma que tenemos necesidad de alguien que nos guíe para hacer el bien. Creedme, mis queridas hermanas, la obediencia tiene que ser vuestra principal virtud. Pero, hijas mías, ¿cómo hay que obedecer? Prontamente, alegremente, con el juicio y, sobre todo…
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Es menester que la obediencia sea pronta, porque, hijas mías, ir pesadamente, con retraso, disminuye mucho el mérito de esta virtud, desedifica a vuestras semejantes y contrista a los superiores; de ahí puede seguirse que preferirá más hacer ella lo que os ha mandado, y a veces lo hace. Así pues, mis queridas hermanas, sed diligentes en obedecer. El ejemplo de la santísima Virgen, yendo a Belén y yendo a Egipto, os tiene que servir de modelo. También…
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Muchas veces, hijas mías, nuestro juicio es ciego, y se nos oculta el conocimiento de lo mejor, lo mismo que pasa a veces con los rayos del sol, cuando se pone por medio alguna nube; no es que el rayo no exista, sino que desaparece por algún tiempo. De esta forma sucede que el conocimiento de lo mejor nos queda oculto por la preocupación de alguna pasión; esto nos da a conocer que la mayor seguridad consiste en…