Obras Completas · tomo IX-A

Conferencias a las Hijas de la Caridad I

1634-1654 · 630 páginas · 6 documentos.

1.323 referencias

ConferenciaTomo IX-A16 DE MARZO DE 1642página PDF 131

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a su servicio es su amor. No sería lo mismo si fuerais madres en el mundo, ya que muchas veces el amor natural de las madres a sus hijos es ocasión de pecado; además, ellas tienen no pocas penas y sufren mucho con este motivo. Pero vosotras, hijas mías, seréis madres razonables si veláis por las necesidades de esas criaturas, las instruís en el conocimiento de Dios y las corregís con justicia acompañada de mansedumbre. Así es como…
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Sufrid, pues con ánimo, mis queridas hermanas, las pequeñas penas que haya en este servicio, porque sé que las habrá; pero sobre todo cuidad de que, apenas comiencen a balbucear. pronuncien el nombre de Dios; enseñadles a decir: «¡Dios mío!», haced que hablen con frecuencia del buen Dios entre sí; decidles vosotras mismas algunas palabras según su capacidad; cuando les llevéis alguna cosa que ellos sientan como buena o como hermosa, que sepan y confiesen que es el…
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de haber perdido a un hijo al que amaba tiernamente, y que había hecho muy buen uso de las instrucciones que le había dado: «Sí, Padre, yo he estado horas enteras junto a su lecho, durante su niñez, esperando a que se despertase, para hacer que su primera palabra fuese: ¡Dios mío!» ¿Y sabéis por qué? Porque, cuando nos despertamos, el diablo procura poner en nuestro espíritu algún mal pensamiento, para que el resto de la jornada sea…
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Al servir a estos niños, al servir a los pobres enfermos, yéndolos a buscar, hacéis a Dios el mayor servicio que se le puede hacer, contribuís con todo vuestro esfuerzo a que la muerte del Hijo de Dios no sea inútil, honráis la vida de nuestro Señor Jesucristo, que muchas veces ha hecho esto mismo, y, al servir a los galeotes, honráis los sufrimientos y las calumnias que el Hijo de Dios sufrió en la Cruz. Hijas mías,…
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cuidado, vigilancia y amor que tenía para con su Hijo, a fin de que, como ella, verdaderas madres y vírgenes a la vez, eduquéis a estos niños en el temor y amor de Dios, para que puedan con vosotras glorificarlo eternamente. Es lo que deseo con todo mi corazón, hijas mías, rogándole a Dios que os bendiga. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 17(17,IX,142-160) C ONFERENCIA DEL 1 DE ENERO DE 1644.…
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Hijas mías, el respeto que os debéis las unas a las otras tiene que ir siempre acompañado de una sólida cordialidad, esto es, de un honor verdadero, al modo como los ángeles se respetan entre sí. Cuando os encontréis, podéis imaginaros la presencia de los ángeles custodios que, por el respeto que tienen a Dios, os honran con su vigilancia llena de afecto. Pero, hijas mías, lo mismo que el respeto y la cordialidad engendran el verdadero respeto,…
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cordialidad imperfecta y mudable; no sucederá esto si la cordialidad se une con el respeto, y el respeto con la cordialidad. Dios, por su gracia, ha puesto en muchas de vosotras esas dos virtudes, que son las señales de las verdaderas Hijas de la Caridad, esto es, hijas de Dios. Le doy las gracias por ello. Si hubiera algunas que no honraran estas virtudes, habría que temer que se convirtiesen, por el contrario, en hijas del diablo. Temed…
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Diga, pues, hermana. — Yo he pensado que tenemos que respetarnos todas por amor de Dios, y que los superiores sobre todo tienen derecho a nuestro respeto. Hay que mirarlos como a Dios en la tierra y obedecerles indiferentemente. — ¿Y usted, hermana? — La primera razón es que nuestro buen Dios nos ha amado tanto, y con un amor tan cordial, que se quiso entregar a sí mismo, y se rebajó hasta hacerse como un pecador. Siendo…
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— Yo he pensado, en el primer punto, que para ser agradable a Dios tengo que respetar cordialmente a mis hermanas y mirarlas como siervas de Dios y de los pobres. Yo he resuelto, ayudada de su gracia, testimoniarles gran cordialidad, por el servicio que les pueda hacer. También he pensado que, si me mantengo en este respeto cordial, esto será un gran bien para la comunidad, pues nos edificaremos mutuamente y nos afirmaremos en nuestra vocación. —…
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Lo mismo sucedería entre nosotras si faltásemos a este respeto cordial; mientras que, por el contrario, si lo tenemos recíprocamente como el Hijo de Dios se lo recomendó a sus apóstoles, enseñándoles a amarse como el Padre Eterno los amaba 1, resultará de todo esto gran orden y unión. — Ved, hijas mías, cómo Dios os ordena que os améis, ya que el amor fue el que le hizo entregar a su Hijo. Hijas mías, bendito sea Dios,…
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