A LUISA DE MARILLAC
ble por la estima y el afecto que siempre le he tenido. Pero para curar su mal hay que conocerlo. A mi parecer, creo que es una cobardía de la voluntad y una pereza del espíritu por las cosas que Dios le pide. No me extraño de ello, ya que naturalmente todos los hombres están en esta situación. Y si me pregunta: ¿de dónde viene la diferencia que hay entre ellos, ya que unos son fervorosos y otros…