A LUISA DE MARILLAC
Espero, señorita, que ella será muy feliz, ya que murió en el ejercicio de una virtud con la que no ha podido perderse; porque murió en el ejercicio del divino amor, ya que murió en el de la caridad. Ruego a Nuestro Señor que sea El allí su consuelo y el de nuestras queridas hermanas. Le suplico que les dé a todas los buenos días de parte mía. Me parece que es demasiado retrasar el entierro para mañana,…