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y de los privilegios que acompañan a los que le sirven, de su fidelidad con los que sólo se preocupan de darle gusto, del amor que tiene a los que le aman y de cómo glorifica a los que le glorifican. El que quisiera alegrarle, no tenía que hacer más que hablarle de Dios. Ese amor le daba mucha afición a todas las cosas que se refieren al servicio divino, ya que tenía un sentimiento muy elevado de…
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Era muy fiel en recitar el breviario, de forma que, incluso cuando estaba enfermo, no podía vivir contento si no lo rezaba; y aunque su enfermedad era tal que hubiera podido dispensarse del mismo. sin embargo lo rezaba muchas veces en perjuicio de su salud, y con tanta devoción que lloraba con frecuencia. Siempre tenía en los labios algún versículo de David, principalmente éste, que se le oía decir con frecuencia: Domine, dilexi decorem domus tuae 7, demostrando…
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Sentía mucha devoción al santísimo Sacramento del altar, haciendo casi continuamente actos de fe en estos misterios y fervientes jaculatorias, diciendo a veces con lágrimas en los ojos: «Salvador mío, no te conocen, no tienen fe, etc.» De esta inmensa caridad brotaba un deseo tan grande por la salvación de las almas que estaba dispuesto a dejarse despedazar por una sola de ellas. En efecto, cuando se trataba de ir a alguna misión y su enfermedad se lo…
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sin embargo trabajaba por encima de sus fuerzas. Dio tres o cuatro misiones, en las que sus compañeros dijeron que no habían visto jamás a un misionero trabajar de ese modo. Era el primero en el confesonario. Se habría quedado muy contento pasando la jornada entera sin comer, si la obediencia no hubiera moderado su celo. En la cuarta misión, le fallaron por completo las fuerzas del cuerpo, de modo que fue necesario mandarlo a casa. Entonces fue…
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Estaba como fuera de sí siempre que se le hablaba de ella; eso puede verse muy bien en una respuesta que le dio a uno de nuestros hermanos clérigos que, al preguntarle cómo se encontraba, el padre Pillé le dijo que era un inútil, que no era más que una carga para la casa. El otro, sin pensarlo mucho, le preguntó: «Entonces, padre, ¿es que quiere usted salirse?». Fue como si le hubiesen dado un puñetazo; no le…
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Se le ha oído decir con frecuencia: «Si tuviera un poco de salud, solicitaría que me admitieran en el número de seminaristas, para servir y obedecer allí como el más pequeño de todos; como desgraciadamente no puedo hacerlo, procuro suplir este defecto con mis humildes servicios». Les decía muchas veces a los hermanos del seminario: «¡Qué felices sois al tener una ocasión tan hermosa para perfeccionaros! ¡Nosotros no la tuvimos en nuestros tiempos! ¡Animo, pues, hermanos míos! Todo…
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de los frutos que se consiguen en las misiones y de los buenos obreros de la compañía; pero el que quisiera entristecerlo, que le hablara de la salida de alguno. «¡Ay!, exclamó un día a este propósito, en ¿qué piensan esos desgraciados? A mí me parece que están ciegos. Se engañan, si creen que en otra parte van a tener más éxito que en la Misión. ¿No saben que, al salir, se verán como los peces fuera del…
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Pero cuando le decían que alguno acababa de ser recibido en la compañía, su corazón se quedaba tan lleno y tan trasportado de gozo que, por muy enfermo que estuviera, tenía que trasparentarlo por fuera: en su cuerpo, que se conmovía, en su rostro que se iluminaba, en sus manos que se alzaban y se juntaban, en sus brazos que se tendían cordialmente al nuevo hermano, en sus ojos que derramaban lágrimas de alegría, y sobre todo en…
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¡qué desgraciado por ser una carga inútil para ellos!». Así hablaba siempre que salía a relucir este tema, pero sobre todo en su lecho de muerte, ya que no podía menos de hablar así a todos los que iban a verlo, pero con más ardor y vehemencia que nunca, de forma que parecía que sólo tenía fuerzas y palabras para hablar de esto. Y lo mejor de todo era que lo decía todo como si le saliera del…
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Le diré únicamente que, cuanto más realzaba la grandeza de nuestro Instituto y más exageraba el bajo concepto que tenía de sí mismo, más grande me parecía en santidad y más útil a toda nuestra comunidad, de forma que no podía menos de decir a veces en voz alta: «Padre Pillé. solamente con su 279
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inutilidad y sus padecimientos hace más por Dios y por la casa que yo y toda nuestra compañía trabajando sin cesar». Su humildad era muy grande y profunda. Lo que acabamos de decir de la baja estima que tenía de su persona es una señal bastante cierta de ello; pues llegaba hasta el punto de que, aunque le dije en varias ocasiones que consideraba como una gran bendición tenerlo en nuestra compañía, no podía convencerse de ello, así…
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Entre otras cosas se ha recordado que un día le mandaron a ayudar al hermano Alejandro, que estaba por entonces encargado de la despensa; lo hizo con tanto gusto que el propio hermano nos dijo que nunca había visto semejante sumisión de voluntad y de juicio, obedeciéndole como si hubiera sido un muchacho, a pesar de que era sacerdote y de mucha edad. Otro día le pidió insistentemente a uno de los hermanos de la cocina que le…