JUAN DEHORGNY A SAN VICENTE
Otro caso muy lamentable es que los sacerdotes, todos ellos de vida ejemplar, gracias a Dios, están sufriendo esta misma necesidad y no encuentran pan para comer; un párroco, que vive a media legua de la ciudad, se ha visto obligado a tirar del carro, enganchado con sus parroquianos en lugar de los caballos. ¿No le parece digno de lástima, mi querido padre, ver a un sacerdote y a un párroco reducido a esos extremos? No es necesario…