AL CANONIGO CRUCHETTE, EN TARBES
En primer lugar, que tengo miedo de que nuestra ruindad, que es muy grande por el número, la calidad de la virtud de los obreros que tenemos, nos impida por ahora aceptar ese honor que se nos presenta. En segundo lugar, que es costumbre de esos señores de Bétharram aguardar allí a los penitentes, mientras que la nuestra es ir a buscarlos en sus casas. Resultaría difícil para nuestros sacerdotes, que se han entregado a Dios para ir…