A LUISA DE MARILLAC
de Sillery. Dios dispuso de él el día de san Cipriano, 26 de septiembre, a eso del mediodía, con una muerte preciosa. Al principio de su enfermedad sufría en las crisis una pequeña alteración mental, que sólo se daba a conocer de vez en cuando en ciertas acciones infantiles. Seis días antes de morir se puso tan juicioso, tan firme y tan entero como nunca lo habíamos visto, siguiendo así hasta la hora bienaventurada en que se marchó…