A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN MARSELLA
biéramos visto es que da horror ver cómo se comen sus brazos y sus manos y mueren en esta desesperación. Tenemos tres mil pobres refugiados y quinientos enfermos, sin hablar de los nobles empobrecidos y de los pobres vergonzantes de la ciudad, cuyo número aumenta de día en día. 1507 [1442,IV ,301] A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN MARSELLA Las palabras que se le han escapado a ese reverendo padre nos dan motivos para alegrarnos de no…