A ANTONIO FLEURY, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE SAINTES
Hay que tener paciencia y esperar que poco a poco la luz de la fe vaya disipando todas esas sombras y que Jesucristo vaya siendo el amo de las creencias y de las costumbres de esas pobres gentes, que el espíritu maligno ha intentado pervertir durante muchos años. También habrá que esperar, Padre, que su gran misericordia se servirá de usted para ello, ya que, según el camino ordinario de la providencia, Dios quiere salvar a los hombres…