A LUISA DE MARILLAC
Esta es, mi querida madre, la disposición que la bondad de Dios ha querido guardar con este servidor suyo, que tenía tanta confianza en usted y al que usted tanto quería y estimaba delante de Dios. Le pedí la bendición para usted, mi querida madre, como lo hice también para Santa María, y para nosotros. ¡Ay Señor! Nos la dio, mi querida madre, con todo su corazón, hablando de su caridad con una estima y una confianza verdaderamente…