A FRANCISCO DU COUDRAY
cias a Dios, la libertad de hablarle con toda confianza y sin ocultarle nada; creo que habrá podido conocer esto hasta el presente por la conducta que he guardado con usted. ¡Jesús, Dios mío! ¿Tendré que reconocer con pena que he dicho o hecho algo respecto a usted en contra de la santa sencillez? ¡Dios me guarde, padre, de obrar así con ninguna persona! La virtud que más aprecio y en la que pongo más atención en mi…