A LUISA DE MARILLAC
Le agradezco además su buena medicina y le prometo utilizarla mañana, Dios mediante, y con mucho gusto; y le suplico en nombre de Dios, que se cuide mucho y no omita nada de lo que es menester para ello. Por lo demás, tranquilícese respecto de su interior, que no deja de estar en la situación que es menester, aunque no se lo parezca así. Adiós, mi querida hija. Soy en su amor y en el de su santa…