A LUISA DE MARILLAC
llevarlo al cielo y ponerlo en el suyo y en el de su querido Hijo. Pero no crea que todo está perdido por esas pequeñas rebeldías que siente en lo interior. A veces llueve con intensidad y truena espantosamente; ¿es acaso el tiempo menos bueno por ello? Aunque las lágrimas de tristeza inunden su corazón y los demonios truenen y hagan caer granizadas cuanto gusten, esté segura, mi querida hija, que no por ello es menos querida de…